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De música, buena onda y otras hierbas.

30 septiembre, 2005

Lactancia prolongada

Mucho más que leche

Al preguntarle a Micaela cuándo va a dejar la “papa”, ella estira su brazo y levanta cuatro deditos. Si le preguntas por qué, se mueve para uno y otro lado y esconde la vista. Claro, a sus tres años y diez meses sabe que quedan ocho semanas para ello y, en su rol de decano de los niños de la Liga, al parecer, aún no está ciento por ciento convencida de abandonarla.
Es cierto, es poco habitual que niños que son capaces de correr, jugar, incluso de comer chicle y torta y hablar, todavía tomen pecho. De hecho, una de las frases que más les toca escuchar a sus madres es ¡Qué asco! o ¡Qué antinatural! Ellas simplemente lo atribuyen a una sociedad con escasa cultura de lactancia.
El ser humano es un mamífero, y como tal, la mujer posee una fisiología y una anatomía que se relacionan con el dar de mamar. Como se define en la página web del ministerio de Salud, que tiene un apartado exclusivo sobre lactancia materna: “El ser humano es la única especie que ha intentado reemplazar esta función determinando como consecuencia un mayor riesgo del niño de enfermar y morir”.
Sin ir más lejos, al otro lado de la Cordillera a nadie le extraña que la lactancia se prolongue por uno o dos años. La pediatra argentina Marta Roselló, casada con chileno, tuvo en su patria a sus dos hijas mayores, Trinidad y Constanza, a quienes amamantó hasta el año, y dos años tres meses, respectivamente. “Llegué acá, tuve mi tercer hijo, y ya la cosa se me hizo rara. Me di cuenta que si sacaba la pechuga a la gente le incomodaba, así que me empezó a incomodar a mí. Mientras estuvimos en Argentina mi marido lo encontraba normal, pero a él y a mi suegra les contrariaba esto de amamantar en público. Yo no tenía con quién hablar del tema, el pediatra tampoco estaba muy de acuerdo, entonces llegué a la Liga para que me aconsejaran cómo sacarle el pecho, porque nunca lo había hecho antes. Me dijeron que de ninguna manera le quitaba el pecho al año, todo lo contrario. Ahí me relajé”, explica.
La Liga Chilena de la Lactancia Materna es una filial de La Leche League –así se llama en inglés–, una asociación norteamericana fundada en la década de los ‘50 por un grupo de madres preocupadas por la disminución del período de amamantamiento.
En Chile funciona desde 1978, con reuniones mensuales de familias, porque en la Liga participan todos, no sólo las madres. Su objetivo fundamental es promover los beneficios del amamantamiento, a la vez de ser un puente de unión entre distintas madres para compartir experiencias.
Es que en los apurados tiempos que vive nuestra sociedad, cuesta encontrar las condiciones para una lactancia prolongada. Desde que parte importante de los pediatras le dicen a las madres que no hay diferencia con la leche de fórmula, hasta los innumerables escollos que encuentran las mujeres para amamantar una vez terminado el post natal. Porque, como reclama una de éstas madres: “No puede ser que en las oficinas las mujeres tengan que ir al baño a sacarse la leche. ¡Nadie almuerza sentado en el baño!”.

Contra viento y marea
La mayoría de las mujeres no dudan frente a la opción de amamantar, pero en muchos casos no basta sólo con la intuición materna. Una de las sorpresas post parto que se llevó Camila Kirberg, fue que alimentar a su hija no era nada de sencillo. “Una amiga me invitó a una reunión de la Liga, pero me dio un poco de lata, eran los últimos meses de embarazo y como era profesora de yoga, estaba súper confiada y mentalizada en que todo iba a salir bien. Tenía buen equipo médico, hacía ejercicios, respiraba, pero después me encontré con que no es fácil amamantar, que nadie te da información adecuada, que son múltiples las dificultades y que cada mamá tiene complicaciones diferentes” afirma.
“Además, a los dos meses de nacida, Anita mamaba mucho, 40 minutos por pecho, y pedía y pedía. Todos me decían ‘no puede ser, tienes que descansar, dale un relleno en la noche’… en mi fuero interno sabía que no quería eso, pero necesitaba el soporte, la información de gente que compartiera ideas de crianza. Por suerte llamé a la Liga, fui a una reunión y resultó que estaba perfecto. Simplemente era una niña que necesitaba más, y al cuarto o quinto mes se regularizó” explica.
Ahora, si de dificultades se trata, el caso de Gloria Fernández de Rota, parece un capítulo de Misión imposible: “Fui mamá biológica por primera vez a los 41 años (a los 30 adoptó a Catalina), me habían extirpado nódulos mamarios, lo que incrementaba la posibilidad de que los conductos lácteos estuviesen cortados y, además, tenía pezón invertido”.
A estos problemas se sumó que, después del parto, su hija parecía más interesada en dormir que en comer. “En la clínica despertaron a Micaela para que intentara mamar. Entre que lloraba y que le costó agarrarse, me llevaron a una máquina para extraer el calostro. Como tampoco funcionó, los médicos comenzaron a presionar para darle fórmula. A pesar de nuestra oposición con mi marido, igual le dieron. Esto le provocó confusión de pezón, porque es mucho más fácil succionar de una mamadera. Durante todo el primer mes me extraje leche, pero cada vez que le daba le ofrecía el pecho, para que no perdiera familiaridad. Finalmente, después de muchos intentos, y de 15 días de fórmula, Micaela comenzó a mamar normalmente”, hasta el día de hoy.

LO QUE EL TARRO NO ENTREGA
Si el recién nacido se deja tranquilo y seco sobre el abdomen de su madre, en contacto piel con piel, es capaz de reptar, encontrar el pezón y comenzar a mamar espontáneamente.
En lo que están de acuerdo todos los especialistas, y que reafirma el Ministerio, es que los primeros meses son fundamentales en los vínculos entre madre e hijo, porque en este período el niño adquiere la confianza en sí mismo, que se verá favorecida por el estrecho contacto que proporciona el amamantamiento.
En opinión de la psicóloga infantil Alejandra Villa, “Durante la lactancia, junto con alimentar, la madre establece una relación interactiva con el hijo en que, mediante palabras caricias y sonrisas, se desarrolla un sentido de confianza básica. Si en este período el niño logra interiorizar la imagen de la madre, es como si llevara una fotografía de ella en el bolsillo, de manera que la extrañará menos cuando tenga que separarse de ella”.
Donde no hay acuerdo es en qué efectos tiene la lactancia prolongada a este respecto.
Para la psicóloga Elvira Calcagni, “Hay tareas evolutivas que son propias de cada momento del desarrollo. Al año de vida se comienza caminar, lo que marca el primer “distanciamiento” del nido materno. Una lactancia muy prolongada podría interferir en el proceso del logro de la autonomía. Lo importante es que haya tenido un apego seguro anterior, puesto que así podrá arreglárselas por sí mismo. El niño debe aprender a postergar gratificaciones, a frustrarse, saber que la mamá vendrá, pero que tiene que esperarla, lo que es posible en forma adecuada cuando la figura materna está incorporada”.
Marta Roselló es de una opinión distinta. “Contrario a lo que muchos pueden pensar, son niños más independientes y seguros, porque han sentido un amor incondicional, por lo que tienen la certeza que hay una red que los soportará en caso de alguna caída”.
A lo que agrega Camila: “Yo no concibo el concepto de independencia en una guagua. Si miras las culturas orientales, ellas buscan la dependencia, porque después aflora una independencia natural. Si la madre está los primeros años, tú sabes que va a estar toda la vida”.
Otra materia en que la discusión sigue abierta es si, pasado un tiempo, la leche sigue siendo nutritiva o es “pura agua”. Lo cierto es que la leche materna es un fluido bioactivo que varía su consistencia, no sólo con los meses, sino que durante el día. Modifica su composición para satisfacer las necesidades cambiantes del bebé. Por ejemplo, en caso de enfermedad, provee al niño de una variedad de elementos inmunológicos que destruyen bacterias, virus y parásitos. “Siempre noto cuando Anita está incubando una enfermedad, porque se pone mucho más demandante”, acota Camila.
Para Raquel Honorato, matrona Jefe del Hospital San Juan de Dios, esto es correcto, pero hasta cierto punto. “Todos los beneficios inmunológicos se reciben hasta el año. Si la lactancia se prolonga más allá de ese lapso, puede tener algún tipo de incidencia si el niño se enferma, pero es siempre marginal, no determina en forma sustantiva la mejoría del bebé”.
Estudios demuestran que niños prematuros alimentados con leche materna tienen un coeficiente intelectual, medido a los ocho años, significativamente superior a los que no recibieron leche materna. Pero la lactancia también beneficia a la madre. La succión de la mama inmediatamente después del parto acelera la expulsión de la placenta y la contracción del útero, con lo cual disminuye la posibilidad de una hemorragia. Esto también estimula la secreción de oxitocina y prolactina, que favorecen la salida de la leche. Asimismo se asocia con un menor riesgo de cáncer de ovario, de endometrio y mamario en la premenopausia, y disminuye la depresión post parto, puesto que amamantar produce triptofano, un aminoácido que provoca relajación.
El marido de Gloria, el ingeniero Christian González, tiene su propia visión de los beneficios de la lactancia: “Como se dice en economía, es una externalidad positiva. Un tarro de leche, que dura más menos una semana, cuesta $ 10.000. Un tarro por semana, más todos los gastos asociados: comprar mamadera, calentar el agua, esterilizar, tiempo utilizado, etc., estimo un mínimo de $ 50 mil al mes. En un año son $ 600 mil. Con eso tengo ahorrado, por lo menos, un año de escolaridad de mi hija, o al que le interesa, la operación de mamas de la señora. Si lo pones en términos sociodemográficos, equivale a cinco ingresos mínimos mensuales, y en nuestro país hay mucha gente que vive con menos de eso”. Y agrega: “En estos cuatro años Micaela ha tomado antibióticos una sola vez, con el consiguiente ahorro en médicos y posibles hospitalizaciones”.
“Yo trabajé más de 20 años en el Citibank, pero cuando supe que estaba embarazada, con Cristian optamos porque yo me dedicara a nuestra hija. La situación económica siempre fue una duda que nos dio vuelta, pero en la práctica todo ha sido mucho más sencillo de los esperado” asegura Gloria.
Camila y Darío vivieron una situación similar: “Yo dejé de hacer clases de yoga para estar más con mi hija. Para nosotros significó apretarnos el cinturón harto, porque íbamos a tener un solo sueldo. Para nuestra sorpresa, esta manera de crianza es súper económica. Nunca nos ha faltado, porque te ahorras en leche, idas al pediatra, medicamentos, y eso es harta plata”, comentan.

¿HASTA CUANDO?
Una de las grandes preguntas que ronda a toda madre es en qué momento terminar la lactancia. La Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de dos años, sin especificar una fecha de término. Por su parte, el ministerio de Salud aconseja que el niño reciba leche materna en forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y que constituya parte importante de la alimentación hasta los dos años. En la Liga recomiendan que sea lo más extensa posible.
“No me he puesto un plazo fijo, porque creo que es una limitante –explica Camila–, pero tampoco creo que sea una decisión exclusiva de los niños. Es una relación donde hay dos personas involucradas, por lo que considero prudente y respetuoso llegar a un acuerdo mutuo. Anita va a cumplir dos años. Estoy casi todo el día con ella. Toma al despertar, antes de dormir la siesta y en la noche. Esas son las fijas. Pero cuando está cansada o se pegó muy fuerte, me pide papa para consolarse. Yo la escucho, la veo crecer y de acuerdo a eso voy proponiendo cambios, como suprimir una papa, por ejemplo. Así lo he hecho y he tenido muy buenos resultados”.
Marta Roselló sostiene que “Cada madre sabe lo que es mejor para su hijo, no hay fórmulas para esto. En lo personal creo que pasado los cuatro años, quizás puede no ser muy beneficioso al proceso de identificación del niño. El chico inicia un camino de autonomía, el jardín, el colegio, gana independencia, lo que permite que el vínculo con la madre se establezca de otra manera”.
Ajena a estos argumentos, Micaela, sin una decisión definitiva, se dedica a disfrutar las que serán sus últimas papas, que no son tantas tampoco: al despertar y antes de dormir. Gloria, por su parte, también las aprovecha al máximo, porque siguiendo el consejo de una de sus amigas de la Liga, a quien su hijo terminó con la lactancia sin previo aviso. “Disfruten cada papa como si fuera la última –dice esta madre–, porque tú nunca sabes con certeza cuál será efectivamente la última, sólo lo sabe el niño”. Cosas de madre.

Artículo publicado el 25 de septiembre en revista Mujer, La tercera.

4 Comments:

At 1:40 p. m., Anonymous Antonia said...

Y esto lo escribiste tu??? Y salio publicado en el suplemento de la Tercera??? En serio??? Me parece FANTASTICO, genial que difundan informacion sobre la lactancia, excelente articulo, dice todo lo q hay q decir, rompe muchos mitos q personalmente me enerva escuchar ("q la guagua tiene q aprender a ser independiente", "q si le das más de x meses se malacostumbra", grrr!)...
Mis más sinceras felicitaciones, ni sé como llegué a este blog, pero me encantó este articulo. Vendré regularmente, aunq hables de otros temas, por supuesto. ;-)

 
At 10:14 p. m., Anonymous Anónimo said...

Grandes felicitaciones por tan completo artículo. Soy una madre que está dando de amamantar a una niña que acaba de cumplir un añito, que hasta el día de hoy nunca de conocido lo que es tener fiebre ni resfrio, gracias a que sigue tomando lactando en demanda. Come que es un placer para cualquier chef y disfruta de la libertad de explorar tranquilamente el mundo. Todavía no es independiente..jajajaja., recuerden es una guagua!!!..no entiendo cual es el apuro por adelantar su independencia o quieren que la mande a trabajar para que traiga plata pa´pagar el arriendo?. Por otra parte, no depende ni de un chupete, ni de una frazadita, porque todas sus necesidades fisiológicas y emocionales están cubiertas y en eso creo que está el placer de ser mamá.
Ojalá que en Chile aumenten las mamás que decidan amamantar prolongadamente a sus bebés y que no se sigan propagando los mitos como: "se le acabó la leche", "pasado el año la leche es agua", etc.Por favor mamás pregúntenlen a sus pediatras ¿cuantas horas sobre lactancia estudiaron en la universidad?,¿si amamantaron a sus hijos y por cuanto tiempo?.. se van a encontrar con muchas sorpresas...

 
At 2:25 p. m., Anonymous Anónimo said...

El otro día una pediatra me trató mal, porque a mi hijo, que tiene 32 meses, lo sigo amamantando.
Me dijo que le estoy produciendo un gran daño, porque según su opinión: "le estoy causando un retraso neurológico".
Mi hijo, gracias a Dios, es muy inteligente y aprende rápido muchas cosas que a niños más grandes les cuesta mucho trabajo (lo sé porque soy docente y en su momento, ejercí la profesión por más de 20 años).
Gracias por el artículo. Me reconfortó.
Una aclaración: soy de Argentina y la opinión de los pediatras está casi dividida, porque una minoría está de acuerdo con el postulado de la OMS.

 
At 5:32 p. m., Anonymous Anónimo said...

No puedo creer que un hombre escriba esto...te felicito...vengo de familia que no amantaò...yo lo hice hasta los 3 años 3 meses de mi hija...solo lamento no haber llevado un registro fotogràfico...nunca di importancia a los doctores..yo soy pro lactancia y ni no me hubiese encontrado con la liga ( maravillosa casualidad) nunca hubiese tenido tan maravillosa experiencia junto a mi hija...
te felicito...!!!!

 

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