What we must

De música, buena onda y otras hierbas.

30 septiembre, 2005

Prostitución Masculina

El factor testosterona del comercio sexual

La vida de un gigoló no tiene nada de glamorosa y envidiable. Drogas, viagra, alcohol, soledad, mucho sexo y poco amor son los principales ingredientes de una fórmula que huele a enajenación. Aquí la aventura de un periodista que se sumergió en la diversión nocturna femenina.

Franco, el fachoso gigoló de la teleserie de TVN, tiene una vida bastante grata: departamento de lujo, sesiones de gimnasio diarias, salidas a restoranes exclusivos, polola guapa y, salvo unos tragos, no cae en excesos. Es decir, tiene un muy buen pasar. Pero la realidad de la prostitución masculina es muy distinta y mucho, mucho más duro.
Primero, porque una mujer talentosa puede fingir un orgasmo y el hombre no se dará cuenta nunca. Pero la anatomía masculina habla por sí misma. Entonces, entre el trago para aturdir la vista, el Cialis o el Viagra para levantar algo más que la moral y la cocaína para satisfacer a más de una clienta por noche, el cóctel químico que corres por las venas de los gigolós es más que inflamable. Más allá del estigma de “naturaleza primitiva” que cargan los hombres, según el cuál sólo se necesita una blusa y una falda para entrar en acción, a la hora de los quiubos, cuando la clienta no se parece en nada a Cameron Díaz o Francisca Merino, pero en su billetera ven el arriendo de su casa o el almuerzo de su hijo, se necesita un verdadero as bajo la manga (o el pantalón) para cumplir la misión.
La soledad es casi asfixiante. Pasado un tiempo trabajando en “la noche”, como le llaman sus protagonistas, todos, absolutamente todos reconocen que establecer relaciones de pareja, entregarse a otro, es difícil. Lo peor es volver a casa y tener que dormir solo, después de compartir la cama con muchas. Aunque no las quieran, aunque no haya lazos, compromisos ni sentimientos, “el vacío de volver a casa es insufrible. Cuesta dormir, a pesar del cansancio y el carrete, cuesta cerrar los ojos” confiesa uno de ellos.
Y aún así “la noche” atrapa. A pesar de los excesos y el vacío, del congelamiento emocional y de la vergüenza oculta (todos saben que son prostitutos, pero rehuyen la palabra), hay involucradas importantes sumas de dinero que con una familia que sostener cuesta mucho rechazar.

“NOS CONSUMIÓ LA NOCHE”Carlos acumuló muchas horas en la noche santiaguina y se le notan en el rostro. Es un flacuchento silencioso, tímido si se quiere, de 25 años, pero se ve tres o cuatro años mayor, por lo menos. Sus profundas ojeras son la mejor prueba que su cuerpo todavía no se acostumbra del todo al día. Hoy cumple una semana trabajando en un restorán con horario normal, desde las dos de la tarde hasta las 10 de la noche, después de cuatro años en los que fue desde barman del Passapoga hasta varón de compañía en un secreto privado del barrio alto.
Es una materia delicada para Carlos, porque no lo involucra sólo a él. Su señora, Daniela, fue uno de los show estelares del Luca’s Bar, cuando éste reinaba sin contrapesos en Santiago. Por eso habla de “la noche”, del “privado”, de “ese trabajo”, de “sexo por dinero”, siempre con eufemismos e indirectas. En las tres entrevistas, sólo una vez usó la palabra puto, y porque se le escapó. “Yo nunca pensé que haría todo lo queme tocó hacer, pero cuando tienes una hija que alimentar…”.
Él tenía un trabajo como cualquiera, conducía mulas en Lan Chile (los carritos que transportan maletas). Ganó el premio al mejor empleado de la compañía, consistente en un viaje donde él quisiera: aterrizó en Madrid. Correteando en un cabaret español conoció a Gabriel, un chileno con múltiples contactos en establecimientos nocturnos nacionales. A su regreso hizo un curso de barman, llamó a Gabriel y él le encontró trabajo en la Grammy, su insospecha puerta al lado oscuro de la fuerza.
Tanto Grammy como Cover son dos discotecas dedicadas a las despedidas de solteras y solteros. Primero el público está separado por sexos, con strippers que preparan el ambiente hasta que se junten todos. Carlos fue el custodio de la barra de ambos lugares, atendiendo a cerca de 4.000 personas en una noche agitada.
El trabajo era extenuante y las propinas no compensaban el esfuerzo. Pidió cambio y lo transfirieron al exclusivo cabaret masculino Passapoga (los tres locales son del mismo dueño). Se hizo amigo de la mayoría de las prostitutas que trabajan ahí. “Todas las mujeres llegan a la barra a hacerse las lindas con el barman. Así las conocí y se fue generando una relación”, explica. Una relación bastante especial, que incluía carretes con ellas que muchas veces terminaban entre las sábanas. Esto le trajo problemas con su señora, porque ella sabía cómo funcionaban las cosas, y por que lo de Daniela era por trabajo, pero lo de él…
“A nosotros nos consumió la noche. Ella podía ganar $300.000. Yo en propina me hacía como $30.000. Era mucho dinero, mucho carrete y desenfreno, no supimos manejarlo. A nosotros nos destruyó la vida”, se lamenta en voz baja.
A principios de este año Carlos se quedó sin trabajo, la relación con su señora se hizo insostenible y ella se fue de la casa. De la noche a la mañana se encontró cesante, soltero y con una hija que alimentar: intentó crear negocios, le salían pitutos, pero nada funcionó. Conversando las penas con una de sus amigas, ella le ofreció un contacto en un privado. Era buena plata y no perdía nada con tratar. Se sumergió en el lado oscuro.

LA VIDA EN EL PRIVADO
El privado era un departamento dúplex en Ñuñoa. En él atendían mujeres, hombres y homosexuales. Carlos sólo atendía mujeres y parejas. Por extraño que parezca, el sueño de muchos chilenos es ver cómo otro hombre tiene sexo con su mujer.
La recepción estaba en el primer piso y las habitaciones en el segundo. Como el recinto contaba con un circuito cerrado de televisión, las damas y varones de compañía espiaban desde las piezas por los monitores a los clientes, para evitarse el problema de “atender” a algún conocido.
“La mayoría de las mujeres prefiere conversar un rato y tomarse un algo antes de entrar en acción, pero había clientes que les gustaba ir al gran altiro. A mí me incomodaba, porque cuesta entrar en calor”, confiesa. “A ellas les gusta que la previa sea larga, que las acaricien y las besen con pasión, como si fueran tu polola. Yo las tocaba harto, me gustaba calentarlas, demorar lo más posible el acto sexual, dejarlo para el final de la hora. Así, o bien pedía otra hora más, para continuar, ola propina era generosa”.
Cómo no, si la primera hora costaba $70.000 de los cuales $30.000 son para el prostituto. A partir de la segunda hora, pagaban $40.000 y la noche entera era mucho, mucho dinero.
“Lo que más me pedían era sexo oral, les fascina, y que las acaricien. También que les besen el cuello y las orejas. En general, les gusta tener el control, manejar la situación. Prefieren arriba, porque llegan al orgasmo más fácil”, relata.
Pero no todo era sexo y lujuria. Las clientas de Carlos eran ABC1, todas de Las condes, Vitacura o La dehesa, con buena situación económica, pero desoladora vida personal. O estaban separadas o vivían un matrimonio desastroso, con maridos infieles. “Siempre conversábamos, de hijos, la familia, la vida. Una vez una se puso a llorar. Su marido la gorreaba mucho. Le dije que esta era su oportunidad para vengarse, pero me contestó que no lo hacía por eso. Se sentía sola y necesitaba estar, en todos los sentidos de la palabra, con alguien”, recuerda Carlos.
Tenía dos o tres clientas que lo llamaban todas las semanas; también tenía otras que lo recomendaban. No eran ni muy feas ni muy gordas ni muy viejas. Eran mujeres normales, de buen cuerpo, casi todas de gimnasio y algunas de quirófano. Pero no era suficiente, por lo que el Viagra fue uno de sus grandes aliados. Ganaba entre $100.000 y $150.000 por jornada. Lo que más llegó a ganar fue $300.000 en una noche, gracias a una pudiente pareja que visitó en La dehesa. “Yo me di cuenta que tenían mucha plata. Ella quería que yo besara y acariciara a su marido. Cobré por cada cosa extra”, confiesa.
Contrario a lo que muchos puedan pensar, después de una extenuante jornada de trabajo, todos los del privado juntaban fuerzas y salían a carretear. Ahí sí que el descontrol imperaba. “marihuana, copete, cocaína, todo corría a destajo. Podíamos terminar teniendo relaciones o almorzando en Valparaíso. A veces yo no tenía ganas, pensaba en mi hija, que tenía que volver a casa, pero igual salía. En un almuerzo podíamos gastar $100.000. Así es como uno malgasta el dinero. Lo que pasa es que te acuestas con cinco tipas en una noche, pero después llegas a tu cama y está vacía. Te sientes tan solo, que no quieres volver; carreteas para no acodarte de lo que hiciste”, reconoce.
Pese a las fiestas, las normas en el privado eran estrictas. “nos tenían súper controlados. Si nos atrasábamos cinco minutos, nos mandaban a buscar. Cuando no teníamos que ir, nos llamaban al celular para saber en qué y dónde estábamos”, explica Carlos.
¿Cómo lograste salir de todo eso?
Un día me apesté, me aburrí. Hablé con la dueña y le dije que me quería ir. Me dijo que no, que estábamos haciendo buena plata, para qué. Días después apagué el celular y no volví más. Lugo supe que fue la Comisión Civil y clausuró el local por unos días. Reabrió a las semanas.
Carlos siente que todo se ha dado para dejar esa vida. Hace un mes que con su señora decidieron darse una segunda oportunidad y empezaron a pololear, viviendo en casas separadas. Ella tuvo un accidente y se quebró una mano, lo que fe la mejor excusa para dejar el cabaret donde trabajaba y volver a casa con su marido. Él encontró trabajo de día y vuelve a conocer Santiago bajo la luz del sol. El pasado nunca se conversa. Tienen esperanzas y ganas de dejar atrás su nocturna vida.

GIGOLO A LA CHILENA
Si lo de Carlos era lisa y llanamente prostitución, Antonio es el aspirante a gigoló. Algo así como la versión criolla. Tiene 24 años, pero se ve de 34. Es de un perdido poblado de la VI región. Su mamá trabajaba de empleada domestica en Estados Unidos, “mientras yo me daba la gran vida acá”, dice sin mucho arrepentimiento. Vino a Santiago a estudiar Turismo, pero se dedicó más a fiestear y pasarlo bien. Duró un semestre.
Cuando su madre se enteró de las gracias del niño, le cortó la mesada. Obligado a ser independiente, encontró pega de júnior en un café con piernas para homosexuales. Al mes lo echaron, pero le ayudó a entrar en el circuito del comercio sexual. Su siguiente trabajo fue en un café con piernas, uno para mujeres. Aprovechando su buen estado físico, que no es el de un físico culturista, pero se defiende, desarrollado gracias “a la vida en el campo”, como le gusta especificar cada vez que puede, también fue vedette. Ahí tuvo sus primeras salidas con clientas, pero no remuneradas.
Eso le dio la idea de colocar un aviso en El Rastro, sección “contactos personales”. Al día siguiente lo llamó una pareja. Treinta mil pesos, más unos tragos y el taxi hasta Pedro Aguirre Cerda. “Al principio uno conversa, retomas unos copetes para distender el ambiente. Luego preguntas quién empieza. Por lo general es la pareja, después que se besan y acarician, entras tú. Lo común es que ellos te hagan un gesto o te inviten a participar”, explica Antonio.
Tenía cerca de dos a tres llamados semanales, que le alcanzaban justo para pasar el mes. Así conoció a una mujer de 40 años que vive en La dehesa, casada, tres hijos (de la edad de Antonio), una señora de “cirugía y gimnasio” con la cual lleva cerca de dos años.
A estas alturas ya no le cobra, sino que ella lo mantiene. Le compra ropa, perfumes y cuando necesita plata para pagar las cuentas, ella estira la billetera. Asimismo conoció a una viuda, una mujer de 60 años que heredó grandes extensiones de tierra. También le compra regalos y solventa sus gastos.
El contacto con las dos es bastante sencillo. Como nunca tiene minutos, si no llaman ellas, les manda un mensaje de texto “llámame por favor” y ellas responden. Le gusta ufanarse de ello, por lo que al mencionarlo, envió los mensajes. En cinco minutos sonó el celular. Nada que agregar.
Antonio es una persona compleja, por así decirlo. Tiene un hijo y una hija, de madres distintas, por ahí repartidos, con las correspondientes demandas alimenticias que él no pesca. Le gusta la marihuana y la cocaína. Le gustan el copete y la encanta el carrete. “A los50 me veo reventando, hecho bolsa. Solo. Después de esto a uno le cuesta querer, ya no les creo mucho a las minas”, admite con cierto desdén.
Me citó a la entrevista en un café con piernas del centro. Cuando se acercaron a tomarnos el pedido, ella lo saludó de beso. Después de dos cortados y tres expresos dobles, lo acompañé a un particular recorrido por otros locales similares. Andaba corto de dinero, porque recién al día siguiente se juntaría con una de sus benefactoras. Pasó a pedir plata prestada para cigarros y pisco. En todas partes el patrón fue el mismo: beso en la boca, abrazo y saludo con nombre y apellido. Pero le fue mal, no le dieron ni para un pucho suelto.

CIRCULO DE HIERRO
El de la prostitución es un micro mundo cerrado, en el que todos se conocen. Lo difícil no es entrar, sino tener éxito, lucrar en el comercio sexual ABC1. Por lo mismo, con Antonio fuimos juntos a inscribirnos en Ángeles, la autoproclamada primera agencia chilena de gigolós. A él lo conocían de sus tiempos en el café con piernas femenino y sería un buen gancho para entrar.
Las oficinas centrales de Ángeles se reducen a un minúsculo local de un olvidado y añoso caracol comercial de Providencia. El cuartel general un pasillo estrecho de dos por cinco metros, con dos mesas, tres sillas y mucha decoración erótica: chocolates fálicos, manteles con motivos sexuales y lencería microscópica, entre otros.
Si a la mayoría de las mujeres les gusta alargar la previa, a ellas no. Lo primero que hacen con un aspirante al “team” es entregarle un formulario con muchísimas preguntas. Además de las típicas “qué haces, dónde vives, qué lugares frecuentas”, se debe especificar la potencia sexual, grado de experiencia, largo del pene, el tipo de mujer con quien uno no estaría dispuesto al juego sexual (muy robustas o muy arrugadas, por ejemplo). Incluso inquieren cuáles son los límites de cada aspirante (si sostienen relaciones hetero, homo, con parejas o en grupo, qué prácticas evitarían: sexo oral, anal, sadomasoquismo, etc.). En una distendida conversación pos formulario, una de las dueñas nos explicó que la agencia completa, que cuenta con 12 varones de compañía, no tiene más de cinco salidas semanales. La oferta es mucha para una demanda exigua, de la que Ángeles se queda con $50.000 y el remanente es ganancia para el caballero en cuestión.
Mientras que en Gigoló’s, el primer cabaret femenino, el ritmo es distinto. Por cerca de tres semanas me hice pasar por uno de los varones de compañía del local, donde tuve el privilegio de participar de varias despedidas de solteras.
La primera conclusión es que si las chilenas hicieran con sus parejas la mitad de las cosas que hacen ahí, los chilenos seríamos los hombres más dichosos del planeta. Durante el show del stripper siempre hay alguna recatada que no pesca el baile, pero hay otras que persiguen a los bailarines y se prestan para acrobacias muy subidas de tono. Cuando la mujer está en grupo, con copas de más, y el hombre con pilchas menos, la chilena muestra una cara insospechada.
La primera vez que me tocó hacer pasarela, un grupo me hizo una encerrona y no quedó parte de mi anatomía sin ser registrada. Una de ellas, extremadamente borracha, me sacó a bailar. Me decía que llevaba cinco años pololeando, que quería mucho a su pareja, pero que “lo desconocido atrae en exceso”. El único exceso fue de alcohol: se quedó dormida mientras la fiesta continuaba a su alrededor.
Las niñitas cuicas viven en un estado de “me gusta, pero me asusta”. Un grupo de egresadas de un colegio católico de señoritas se escandalizaba porque los vedettos quedaban completamente desnudos. Sin embargo, no tenían problemas en bailar lambada, por delante y por detrás, ni en estirar las manos bajo la cintura.
Por cada trago que un gigoló saca, de los $5.000 pesos que cuesta, $1.500 son para él. Por eso, las verdaderas clientas no son las niñitas en despedida de solteras, sino las mujeres mayores y las prostitutas. Las primeras, porque ellas sí tenían dinero y ganas de invitar tragos, y de pagar los $30.000 que había que cancelar al local, más la tarifa del varón de compañía para llevárselo a otra parte. Las prostitutas, porque Gigoló’s funcionaba como el “after hour” de las trabajadoras del barrio alto, llámese Shampoo, Luca’s Bar y Members. Llegaban como a las cuatro de la mañana y la fiesta era con descontrol. Hoy Gigoló’s está clausurado por ruidos molestos.

Artículo publicado el 19 de diciembre de 2004 en revista Mujer, La tercera.

7 Comments:

At 9:55 a. m., Anonymous Anónimo said...

En serio anduviste de vedetto para un reportaje?

Un lector curioso

 
At 11:19 a. m., Blogger Jose Pablo said...

No de vedetto, me hice pasar por varón de compañía, conversar con las clientes, sacarles trago y eso.
No, nunca me desvestí en público (con qué ropa!!!)

 
At 2:47 p. m., Anonymous Anónimo said...

Ahhh es que como dices "la primera vez que me tocó hacer pasarela me toquetearon entero"...

Un lector curioso

 
At 10:55 a. m., Blogger Friedrich said...

Increíble hasta dónde llegó tu determincación para conseguir la historia. Admirable.
Aquí en México la cosa no parece tan justa en cuanto a las "comisiones" -que es el porcentaje que te toca de cada pago- y es un mundo sumamente absorbente según lo describió mi maestro de filosofía, quien en su época de juventud y gozo se dedicó a bailar en los clubes llamados "TABLE DANCE". Yo he estado haciendo ejercicio y tratando de mentalizarme ya que no quiero un trabajo de lunes a sábado , de 9 de la mañana a 9 de la noche; mi mayor temor es no tener tiempo para las cosas importantes de la vida tales como... simplemente vivir. La paga sería ínfima en comparación con las sumas de dinero que se logran gracias al sexo

 
At 9:58 p. m., Blogger luis said...

hola soy luis tengo 19 años y deseo vender mi kuerpo en bogota,colombia si alguien me puede decir dond puedo hacerlo porfavor llamarme al

312-313-37-36

gracias
tengo buen cuerpo

 
At 6:52 p. m., Anonymous Anónimo said...

hola jose pablo, quisiera saber si existe algun contacto para tal agencia....me puedes responder a mi email? nitrocore24@hotmail.com

muchas gracias

 
At 3:45 p. m., Anonymous Anónimo said...

Hola soy kevin y deceo ser yigolo necesito dinero soy de santiago ,,,,,,solo mujeres estoy dispuesto a todo o que alguien me avise de un contacto mi numero 73295961

 

Publicar un comentario

<< Home