What we must

De música, buena onda y otras hierbas.

25 marzo, 2006

el nuevo motor de Lucybell

En febrero fui a ver a Lucybell y a Desaloon a un recital gratis (auspiciado por la única, grande y nuestra chervecha Cristal) que dieron en Pucón.
Cuando chico Lucybell me encantaba. El Peces -su primer álbum- estuvo mucho tiempo sonando en mi personal (cuando la música portatil se "reducía" a cintas). Estos monos eran definitvamente geniales en su primera etapa, una melancolía power que combainaba la tristeza del brit pop con algo de la energía del rock. Recuerdo unas tocatas geniales de día lunes o martes, parte del ciclo semana corrida de la SCD, cuando sólo existía la de Bellavista.
Los tres primeros discos de Lucybell, con su formación de cuarteto, eran precisos. Músicos no muy talentosos, pero con el feeling suficiente para armar deliciosas melodías. Luego vino la separación, empezaron como trío y, para mi gusto, hasta ahí no más llegamos. Los dos discos de estudio que vinieron después, salvo uno que otro tema, no tenían nada muy interesante.
Y el año pasado siguió la hecatombe y del cuarteto original sólo queda el guitarrista y vocalista, Claudio Valenzuela. El reemplazante de Francisco Gonzáles, el batero histórico, es nada más y nada menos que el ex Dracma Cote Foncea, lejos, pero lejos, lejos uno de los mejores bateristas del país.
Foncea es de esos bateristas-motores, que encienden la máquina y le ponen vértigo al asunto. Como Bonham de Zepellin, Chamberlein de los Pumpkins o Copeland en The police, son tipos que tienen tanto feeling como técnica. Y ese es el problema, que el tipo tiene demasiado para unos compañeros de equipo más bien discretos. Es como un astronauta tratando de llegar a la luna en un planeador. Porque Foncea prendió los motores, se echó al grupo encima, se puso a tocar y se fue. Se fue lejos, lejos, mientras Valenzuela y Eduardo Caces (el bajista) trataban de seguirle el ritmo, pero nunca dieron el tono.
O sea, tan bueno es, que en la ecualización la batería destaca por sobre todos los otros instrumentos, salvo la voz. Y es que claro, con un baterista así, es imposible que un grupo suene mal, incluso con las limitaciones técnicas de los otros dos monigotes.

De Desaloon hablo otro día, pero ya saben, si ven afiches por ahí, vayan a ver a Foncea, no a Lucybell.
Y ese es el proble

24 marzo, 2006

¿madre hay una sola?

No tengo muy claro por qué, pero tengo una extraña facilidad para entablar relaciones de madre-hijo con mujeres que no tienen ningún tipo de relación umbilical conmigo.

Mi sensei de Aikido -una señora de 65 años de edad, 20 centímetros más baja que yo, a quien no he podido mover ni un milímetro de su posición cuando intento hacerle una técnica- me cachetea y golpetea como hace mucho tiempo que mi madre biológica no lo hace.
Mi editora en la revista aún no llega a la violencia física, pero también, me reta y alecciona como a uno más de sus críos (en parte, creo que le sirvo de escuela para cuando los suyos tengan mi edad...¿o no?).
Incluso la señora que me arrienda la casa me conversa y aconseja en tono maternal.
Ojo, no me quejo, me da muchísima risa tener tantas madres repartidas, como si con la omnipresente e infalible original no fuese suficiente -amen del hecho no menor de tener una madrastra tan buena onda que la quiero como a una madre, también-.

Creo que hay sólo dos cosas que pueden distinguir a todas mis madres putativas de la original: que cuando me llaman al celular, hay un sólo número con el registro de "mamita" y que sólo a ella la asocio con una canción, "Tu que no sabes", de Maria Bethania. Es un must en mis viajes, aunque nunca escuche el disco, uno nunca sabe cuando diablos llegan las nostalgias.


P.S: como sé que que todas ustedes leen esto, "esto" es un adelanto del día de las madres.
P.S2: todavía no resuelvo cómo diablos voy a hacer este día de la madre!!!!!!!
Besos de colores